Senderos y Caminatas
Patea la isla como un auténtico local
¡Buenas! Si has venido a Tenerife solo para estar en la hamaca, te estás perdiendo la verdadera esencia de este peñasco en medio del Atlántico. El senderismo en Tenerife es la única forma de entender por qué los que vivimos aquí estamos enamorados de nuestra tierra.
Nuestra isla es un caos geológico maravilloso. Puedes empezar la mañana tiritando de frío entre rocas volcánicas y acabarla sudando la gota gorda entre helechos que parecen de la época de los dinosaurios. Es el remedio perfecto para bajar el chuletón o el exceso de cotufas de la tarde de ayer.
Eso sí, vamos a dejarnos de rollos: aquí no se viene a pasear en cholas por el monte. El terreno es traicionero, la piedra volcánica corta como un cuchillo y el tiempo cambia más rápido que un político en campaña. Si quieres disfrutar del senderismo en Tenerife, hazlo con cabeza y buen calzado.
Anaga: Un viaje al pasado entre brumas
El Macizo de Anaga no es un parque cualquiera; es un refugio de laurisilva que sobrevivió a la última glaciación. Caminar por aquí es como entrar en una película de misterio. La niebla se mete entre los troncos retorcidos y el olor a tierra mojada te llena los pulmones.
Si no quieres complicarte la vida, el Sendero de los Sentidos es un buen aperitivo. Pero si de verdad quieres sentir el senderismo en Tenerife, baja hasta Afur y llega a la playa de Tamadite. Es una ruta de barranco pura y dura donde el rugido del mar te avisa de que has llegado al fin del mundo.
El Teide: Caminar sobre las cenizas del mundo
Subir al Teide no es solo "ir al pico". El Parque Nacional es un laboratorio de colores. Practicar senderismo en Tenerife a estas altitudes es una cura de humildad. El aire escasea, el silencio retumba y el paisaje te hace sentir muy pequeño.
La ruta de Montaña Blanca es la clásica para los que tienen pulmones de acero. Son horas de subida por piedra pómez amarilla hasta llegar al refugio. Si buscas algo menos suicida, la ruta de Samara te ofrece atardeceres de fuego sobre coladas de lava negra que parecen recién salidas del horno.
Ojo, que para tocar el punto más alto hace falta un permiso del Gobierno de España. No te presentes allí sin él porque los guardas no se andan con chiquitas. Mira las normas aquí: Web de Parques Nacionales.
Masca y los barrancos del sur
El barranco de Masca es la estrella del senderismo en Tenerife, pero ojo, que ya no es el "salvaje oeste". Ahora hay que reservar, llevar casco y demostrar que no vas en sandalias. Es un descenso brutal entre paredes de piedra gigantes que te hacen sentir como una hormiga.
Si Masca está lleno, vete al Barranco del Infierno en Adeje. El nombre asusta, pero es un paseo precioso que termina en una cascada (algo raro de ver en el sur). Es la cara oculta de la zona turística, un oasis de agua y roca que te hará olvidar que los hoteles están a diez minutos.
Manual de supervivencia para el senderista
Para que no tengan que ir a buscarte en helicóptero, apunta estos consejos de alguien que se conoce cada piedra. El senderismo en Tenerife se respeta, no se domina.
- El "Efecto Cebolla": Sal de casa con capas. En el Teide puedes estar a 2 grados y en la costa a 25. No te la juegues.
- La Guagua: Olvida el coche en rutas lineales. La guagua verde de TITSA te deja en los sitios más remotos. Es barata y te ahorras buscar parking, que en Anaga es una pesadilla.
- Agua a cascoporro: La humedad te engaña y dejas de beber. Lleva siempre dos litros, especialmente si vas a caminar por el sur.
- Respeto total: No dejes ni una servilleta. Lo que se tira al suelo en el monte, se queda en mi alma como una espina. Cuida la isla.
¿A qué esperas para quemar suela?
El senderismo en Tenerife es la mejor terapia que existe. No hay gimnasio ni spa que supere la sensación de coronar un roque y ver el mar de nubes a tus pies. Es nuestra forma de vida, nuestra manera de conectar con lo que fuimos antes de que llegaran los aeropuertos.
Así que ya sabes, llena la mochila de víveres, asegúrate de que el móvil tiene batería y lánzate a los caminos. Tenerife tiene mil caras y la mayoría solo se ven caminando. ¡Nos vemos por los riscos!